Ya le urgía a mi ajolote su nombre. Eso de llevarlo a pasear, compartir y entregar “Boris y el ajolote albino” (el libro que me inspiró a adoptarlo) sin presentarlo formalmente carecía de educación. Aunque fue gran diversión. Voy a extrañar la interacción de estas semanas con ustedes quienes en persona, por correo o whatsapp, me propusieron tan buenos nombres.
Ajo, Ajito, Alvin y Álvaro fueron sugeridos repetidamente. Todos, lindos y dulces. Bueno, menos Ajo ;-.) Quizás este nombre o la apariencia física de mi ajolote inspiró a otros a llamarlo Sushi o Sashimi;- 0 Y es aquí donde tengo que asumir mi propia mala influencia gastronómica cuando advertí que si bien mi ajolote es albino no se valía bautizarlo Malbec o Sauvignon… Lo cierto es que a una especie en extinción no le podemos poner nombre de menú. Están de acuerdo, ¿verdad?
